Al final me bajé los pantalones, me saqué la polla y se la clavé a la camarera delgadita que me tiraba los tejos, necesitaba meterla en un chocho húmedo y caliente, las pajas me estaban consumiendo y la locura se acentuaba por momentos, así que me tiré a la piscina, por así decirlo, sabía que con una vez no sería suficiente, por ahora estoy con ella, follando bastante y pasando por el puto aro también, la tía mola, es muy trabajadora, la he metido en mi curro y así cubre un poco mis espaldas, je, je, lo mío debo confesar no es el matarme a trabajar, mis ambiciones van por otro lado, pero de algo tiene uno que vivir, más que vivir diría beber, ja, ja, ja.
El primer polvo fué el más salvaje aunque no el más memorable, después con las pelotas no tan repletas la cosa se disfruta más, aunque quiero dejar constancia de ese primer polvo tras la barra cuando cerraba el local, echamos a los últimos borrachos que estaban por allí y ya no pudimos esperar ni a meternos en el Patrol, la tenía como el palo mayor, hinchada, a punto de reventar, la verdad es que no tardé nada en correrme, así que la tía me exigió que la acompañara a su casa para comerle bien la almeja, es veterana pero sin pasarnos, algo mayor que yo, con las tetas algo caídas pero no se puede tener todo en esta puta vida, el culo no está mal, cuando se pone a cuatro patas está muy pero que muy bien y la almeja era deliciosamente rosada y jugosa, se la comí a conciencia, se lo merecía, no podía dejarla sin su orgasmo, je, je.
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